domingo, 12 de abril de 2020

Yo, Julia. Una mujer en la HIstoria


Termino la lectura de esta apasionante novela en el décimo día del mes de abril de 2020 d.C. Vivimos en la 27º jornada de confinamiento en tierras de Hispania a causa de la pandemia del covid19. Mientras iba avanzando por sus páginas, he tenido que asegurarme de que la primera edición data de noviembre de 2018, porque pareciera que muchos de sus párrafos hubieran sido escritos durante estos últimos días. Y más concretamente, muchas de las afirmaciones que se ponen en boca de uno de los científicos de la época, Galeno, el padre de todos los sanitarios que están partiéndose el brazo en estos mismos momentos para contener la pandemia:

Galeno de Pérgamo, 129 d.C- 201/216? d. C


“Los avances en la ciencia médica nunca se valoran hasta que los poderosos los necesitan”. p.331 Galeno (…) “Luego, cuando el poderoso cae preso de una infección, busca en los médicos una solución: consulta entonces a los mismos sabios a los que durante años les puso todo tipo de impedimentos para investigar, para aprender, para avanzar. Solo entonces los poderosos entienden, pero siempre llegan tarde. Tarde para ellos, tarde para todos”. p.400

Pero el carácter profético también aparece en la otra voz narradora de la historia:


“Juliano, pese a todo su dinero, solo resistió como augusto de Roma poco más de dos meses. Dirigir un imperio se manifestaba como algo más complejo que acumular una fortuna: ser el gobernante más poderoso era algo que iba más allá de ser el hombre más rico. Por otro lado, el mundo estaba cambiando velozmente y muy pocos intuían hacia qué dirección se encaminaba todo” p. 329 Donde pone Juliano, póngase Trump, Bolsonaro, Johnson… y cambiéseme Roma por sus respectivos territorios y sirve para hoy mismo.


Otros párrafos que aciertan con la misma clarividencia:

“¿Cuándo llegará el día en el que senadores y gobernadores pensarán más en el buen gobierno del Imperio que en sí mismos, en sus pequeñas estrategias, en sus rencillas y envidias en esa maldita lucha por el poder que a todos debilitaba, rodeados como estaban de problemas dentro y fuera de los límites del Imperio? -Cuando cambie la naturaleza humana, amigo mío. Si es que cambia alguna vez. Si no, te garantizo que en dos mil años, todo seguirá igual”. p.296 Desde luego, en este país, un territorio que se situaba dentro de los límites de ese Imperio, a falta de poco más de cien años para que se cumpla el plazo, evidenciamos cada día que la naturaleza humana no ha cambiado en absoluto. Menos, la de los senadores y gobernadores de hoy mismo. 


“Opelio ya había oído en más de una ocasión el rumor de que el tráfico ilegal de esclavos lo dirigía desde la lejana Roma el mismísimo senador Didio Juliano, pero no había pruebas ni, a lo que se veía, interés en terminar con aquel negocio. Por un lado, había escasez de esclavos, por otro, los gobernadores de frontera estaban en otras cosas más importantes como, por ejemplo, dilucidar si Pértinax sería un emperador a quien apoyar o no. Esos pulsos de poder dejaban a aquellos desdichados colonos sin nadie que se ocupara de sus derechos.” p. 161


Y sobre, la protagonista del libro, JULIA DOMNA AUGUSTA

Además de todo lo anterior y mucho más,  el libro se ocupa de recuperar una figura histórica que ha quedado sepultada por el paso de los siglos, como a tantas otras que compartían con ella género. Y es que el propio Santiago Posteguillo lo explica en los Apéndices:


“La igualdad de género ha de construirse en el presente y pnsando mucho en el futuro, aunque la igualdad también se hace no ya reescribiendo la historia o la historia de la literatura, pero sí completando la que tenemos elaborada con el añadido de todas aquellas mujeres importantes que existieron y que tantas veces hemos pasado por alto, para perjuicio de todos.” p.650

“La historia de Julia Domna es dramática  y poderosa, incluso trágica. Sorprendentemente, no ha sido contada en novela alguna ni llevada a la televisión o al cine, y todo esto pese a las escenas de batallas, el salvaje telón de fondo de los pantanos de Yorkshire y la cordillera del Tauro (Turquía) y el esplendor del norte de África y Egipto”. Bárbara Levick (biógrafa de Julia). p.649

“La inacción en política es, en ocasiones, una falta tan imperdonable que puede equipararse a la del político que quebranta la ley a sabiendas de lo que está haciendo (…) Nadie estaba a la altura de la esposa de Septimio Severo a la hora de discernir el futuro en todo lo referente al control del poder, y no la entendieron. Esto es, nadie entre los suyos. Juliano que si la habría entendido perfectamente, estaba en el bando opuesto…” Galeno, p. 129

“Y así, digna y magnífica, caminó entre todos aquellos hombres que en apenas unas horas estarían combatiendo por su esposo, por Roma, y por un proyecto que, curiosamente, ninguno era capaz de comprender por completo. Pero para eso estaba ella…” p.373

“Muchos la han criticado por ambiciosa. Es posible que lo fuera…¿no es esa misma ambición la que ha movido a tantos hombres que tenemos en tan alta estima, como Alejandro, Julio César o Augusto? Sí, lo acepto. Julia era muy ambiciosa. Como muchos de los que la rodeaban. Solo había una diferencia sustancial entre ellos y ella. Bueno, dos. En primer lugar, ella era mujer y ellos hombres. En segundo lugar, ella era más inteligente.” p. 463 

Este último párrafo que en la novela se atribuye igualmente al diario de Galeno,  resulta ejemplificador de cómo la sociedad patriarcal ha aplicado desde la Antigüedad distintas tablas de medir para los dos géneros. La ambición, un valor positivo para  los hombres, ha sido siempre un plus, un motivo de admiración entre los gobernantes y los ganadores en general. Sin embargo, en las mujeres, una actitud impropia de su naturaleza y motivo de  descalificación y desprecio. El mayor de todos, el olvido. 



miércoles, 5 de febrero de 2020

El no-debate de la jornada escolar






Cuando una ha dedicado toda su vida profesional a la escuela y cada Año Nuevo comenzaba en septiembre con el inicio del curso, la jubilación se presenta como un abismo, pareciera que no va a saber qué hacer con tanto tiempo por delante sin la presencia constante del mundo escolar en su vida. Después de casi tres años de haber atravesado el umbral, puedo decir que ni una cosa ni otra. Hay muchas tareas a las que dedicar nuestro tiempo de jubilados, la vida no se acaba al cerrar la puerta de la escuela pero tampoco la dejamos del todo, la mirada siempre se nos va a los asuntos de la educación, aunque sea un poco de reojo. Y  uno de los temas que se repite ineludiblemente cada año por estas fechas (desde hace cinco en Aragón) es el debate de la jornada escolar. Y digo mal, porque no hay tal debate. No interesa. Como mucho hay una confrontación (eso, sí) de intereses personales y/o profesionales que la Administración (no me cansaré de repetir), haciendo dejación de su responsabilidad social, ha potenciado con los sucesivos decretos al efecto.

 Una prueba evidente de que no hay debate la viví en primera persona hace un año, cuando participé en una de los pocos colegios que, a pesar del hastío del tema y de los riesgos de deterioro de la convivencia en la comunidad escolar, se planteó realizarlo.  Desde el principio se descartó una mesa en la que se pudieran exponer razonadamente todos los puntos de vista, lo cual ya dice mucho de cómo se vive el asunto en los centros. Así pues, el procedimiento elegido fue  organizar dos en fechas diferentes, una formada por representantes de docentes y familias claramente favorables a la jornada continua y otra, en la que yo misma, expuse una serie de dudas referidas a la conveniencia de implantar la jornada continua del modo en el que se está haciendo, esto es, que la jornada lectiva del alumnado sea dependiente de los cambios en la jornada laboral del profesorado. Es igual, la participación en una y otra de las sesiones fue ridícula. Lo que reafirma la idea inicial de que el debate y la argumentación racional y sincera no interesa a nadie. En este tema cada uno (docentes y padres y madres) se mueven por su interés y su situación personal y laboral sin que los múltiples estudios que alertan sobre los riesgos de la jornada continua como factor agravante de la desigualdad y otros asuntos de grueso calado, se tengan en consideración, especialmente, por los políticos y técnicos responsables, que son quienes deberían velar principalmente por la calidad y la función de la escuela como motor de cambio social.La situación roza a veces el absurdo como ocurrió en el proceso en el que participé. En la mesa a favor de la jornada continua, a la que asistí para escuchar sus argumentos, participaba un orientador escolar de mucho prestigio (también jubilado) y un miembro de un sindicato de profesores/as, además de las representantes de las familias. Los docentes no se apoyaron en ningún estudio científico para afirmar categóricamente que “la jornada continua favorece el aprendizaje del alumnado”; es más, sorprendentemente sólo presentaron una investigación del profesor de la Universidad Complutense, Mariano Fernández Enguita, en la que se apunta todo lo contrario para, a continuación, afirmar sin sonrojarse que sí, que bien, pero que “las fuentes no eran fiables”. No había salido de mi asombro cuando para apoyar sus palabras colocaron la imagen que acompaña este escrito, en defensa de la jornada continua. No pude evitar realizar la fotografía, toda una muestra del nivel de los argumentos, sólo falta el papá al fondo, sentado en el sofá viendo el fútbol. En realidad habría que  agradecer que la imagen es muy explícita, aunque justamente  para todo lo contrario de lo que se pretendía...  

Ha pasado un año, estamos en el mismo punto, con algunas escuelas públicas tripitiendo votaciones hasta que se consiga el objetivo de jornada única y yo todavía sigo ojiplática ante el nivel del no-debate social.

P.D. El pasado primero de febrero eldiario.es publicaba un artículo firmado por Daniel Sánchez Caballero que alertaba sobre la creciente  mercantilización de la educación, las razones son complejas y abarcaban diversos aspectos pero hay un párrafo en el que me parece apreciar una correlación entre la reducción del tiempo escolar y los negocios educativos paralelos o complementarios a la escuela : "Se pueden aconsejar numerosas medidas que no crean ninguna dificultad política (…). Si se les disminuyen los gastos de funcionamiento a las escuelas y universidades, hay que procurar que no se disminuya la cantidad de servicio, aún a riesgo de que la calidad baje (…). Sería peligroso restringir el número de alumnos matriculados. Las familias reaccionarán violentamente si no se matricula a sus hijos, pero no lo harán frente a una bajada gradual de la calidad de la enseñanza y la escuela puede progresiva y puntualmente obtener una contribución económica de las familias o suprimir alguna actividad. Esto se hace primero en una escuela, luego en otra, pero no en la de al lado, de manera que se evita el descontento generalizado de la población", escribió Christian Morrison.

A buen entendedor,…
P.C.

domingo, 5 de enero de 2020

Madres de leche y miel, de sangre y sudor.


Un libro en prosa que es poesía pura. Un relato delicioso y doloroso el de esta madre de leche y miel cocinada con el sudor y las lágrimas vertidas en la construcción de una vida propia, muy a pesar de su destino y de su propio deseo, este último domesticado desde el minuto uno de su llegada al mundo. Como lo fue el de todas las mujeres de su familia y de su entorno, entendido no sólo como un lugar físico sino como un espacio cultural y de tradición. Mujeres que no son dueñas de nada, mucho menos de su propio cuerpo, preservado para una función que ni siquiera se les da a conocer, todo es misterio, tabú, secreto…
 “Una mujer podía tener todas las cualidades del mundo, pero si estaba estropeada para nada (…) Habría querido que alguien le explicara exactamente cómo se hacía eso de estropear a una mujer, pero no, todavía tendría que vivir muchos años con aquella desazón, un miedo que no podía compartir con nadie y que se iría haciendo cada vez más profundo” Y más adelante…“Para Fatima aquella sangre era la prueba inequívoca de que sí, de que la habían estropeado y que como mujer ya no servía absolutamente para nada”

Mujeres nacidas para ser extranjeras. Primero, en la casa del padre, de la que saben que nunca será la suya a pesar de que trabajen como verdaderas bestias en ella desde que tienen suficiente fuerza para amasar el pan, acarrear la leña, cavar el huerto…  y a quienes se prepara desde la propia infancia  para “darlas”; después, en la casa del marido, sujetas a las normas y prejuicios de su “nueva familia”; que la tendrá en consideración, tanto en cuanto trabaje y engendre hijos para que se cumpla lo que ya “está escrito”, sin poder participar ni decidir al respecto de su formación, sin acabar de formar parte de su segunda familia.

“En cada visita, Fatima se preguntaba si nunca más podría peinar a su prima, y no tardó mucho en darse cuenta de que, a pesar de venir de vez en cuando, a pesar de que la nueva familia de ella era bastante generosa como para dejarle visitar la casa de su padre, el día a día compartido ya no lo vivirían nunca más como antes. Y entonces se dedicaba a observar el suyo, su día a día, y a pensar en todas las cosas que ahora hacía y ya no podría hacer más después de la boda. (…) Toda aquella añoranza anticipada, el proceso de irse desprendiendo de todo lo que le era propio, de desarraigarse lentamente, duró los dos años previos a la consumación del matrimonio, desde que Fatima fue entregada hasta que se produjo su expulsión definitiva de la casa de su padre. Es lo que habían pactado las dos familias, reservar a la chica con la ceremonia de compromiso, pero esperar un par de años a que madurase algo más (tenía catorce años lunares)” 

En el caso de Fatima, su condición de extranjería se agranda de manera inimaginable con la emigración, en circunstancias de completo desamparo y abandono del marido que hace dejación total de sus obligaciones …

“Ay, hermanas mías, no queráis nunca la suerte de los emigrantes; por muchos milagros y maravillas que os cuenten, yo os lo digo de primera mano, no es ni por asomo una vida para envidiar”.

Y en ese ambiente totalmente extraño y hostil, una mujer criada para la sumisión y la dependencia total, decide hacerse fuerte de la única manera que ella entiende, renegando de lo que le han enseñado que es su condición femenina para “hacerse un hombre”.

“Quién sabe de dónde nos viene a las mujeres esta fuerza que se manifiesta de repente, esta capacidad que tenemos de sobreponernos a las dificultades (…) Pero aquella tarde, apoyada en aquel trozo de pared abombada junto a la estufa fría, hermanas, creedme, allí, con las manos puestas sobre el vientre, cogida al cinturón de cuerda, allí mismo dejé de ser mujer. Me hice hombre de repente (…) Me vinieron las palabras que repetía tan a menudo nuestra madre: ponte derecha, sobre tus pies. Camina sobre tus pies que por algo tienes un buen par”. 

Pero por mucho que lo intente, por mucha fuerza que desarrolle, se dará de bruces una y otra vez con la realidad, no es un hombre y, a pesar de sus esfuerzos, sigue siendo vulnerable y sintiendo en sus carnes la desigualdad y la injusticia…

“Además, ya os lo he dicho, en aquellos tiempos me convertí en hombre, me olvidé completamente de las precauciones porque los hombres no han de protegerse de nada. Somos nosotras las que hemos de esforzarnos para no provocar sus instintos. Tan tonta fui que pensé de verdad que era uno de ellos, pero ni ganando un sueldo os tratarán como a iguales, hermanas, eso no pasará nunca” 
Tendrán que pasar muchos años y tendrá todavía que vivir su experiencia más traumática para llegar a una conclusión determinante: es la educación el instrumento necesario para que la mujer pueda ser dueña de su destino y vivir en libertad…

“Ya empezaba a pensar, hermanas, que nuestra desdicha de mujeres tenía mucho que ver con nuestra falta de educación, que si yo hubiera sabido leer mis circunstancias quizá habrían sido muy diferentes”  “Hermanas, las mujeres como nosotras, sin conocimiento de letras, sin saber el idioma de quienes nos gobiernan, vamos por el mundo como si no diera el sol, a oscuras, inseguras, dando pasos vacilantes.” 

Maternidad, sororidad, educación, analfabetismo, arraigo, desarraigo, traición, fidelidad, libertad, sumisión, igualdad, injusticia, abuso, machismo, emigración… todos estos aspectos juntos en un relato de amor, superación y revelación, envuelto en palabras bellas y dulces como la miel acompañadas por los ecos de una lengua antigua y musical, la misma con que las madres de un rincón del norte de Africa han transmitido de forma oral el amor y la tradición ancestral a todas las generaciones. 





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Mujeres que cuentan porque antes otras les contaron. Así nos lo explicó ayer en el #Caixaforum en un encuentro de vida y palabras la escritora @najat_el_hachmi. La dedicatoria de su último #libro lo dice todo: "A mi madre que, sin saber leer, me enseñó a escribir"; los relatos orales en lengua #amazigh de las #mujeres analfabetas de su familia rifeña, amalgamados con las lecturas en la biblioteca pública de #Vic, destino migratorio de la familia, conformaron una nueva "contadora" a caballo entre culturas y con una capacidad de análisis y crítica privilegiada. Estoy ya leyendo con avidez esta "Madre de leche y miel" que seguro me ayudará a comprender mejor a mis amigas #musulmanas a la vez que seguir la estela de la autora en la puesta en cuestión de los patrones machistas de su entorno (y del mío). Y un sentimiento de gran emoción cuando Najat relata cómo la escuela pública y las #maestras que la acogieron, le abrieron la puerta a la libertad y al reconocimiento de sus derechos. #libros #feminismo #igualdad #Islam #patriarcado #marruecos_amazigh #machismo #mujereslibres #literatura @editorialdestino
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miércoles, 15 de mayo de 2019

Los colores del incendio


Los colores del incendio

Después de una temporada de lecturas históricas y ensayos varios, resulta doblemente placentero embarcarse en la lectura de una novela en el sentido más decimonónico de la palabra. Y es que el seguimiento de las peripecias de una mujer de la alta sociedad parisina en el período de entreguerras no dejan lugar para el aliento, el deseo de pasar páginas y avanzar en la trama se apodera una vez más con la fuerza de las mejores historias. Una dama que, por su condición de género, no recibió la educación apropiada para dirigir los negocios familiares, tarea destinada a su hermano varón que ni tenía interés en ello ni el devenir de los tiempos se lo permitieron, con las desgraciadas secuelas que dejó en él la participación en la Gran Guerra. Todo esto era tema de una anterior novela de Lemaître, magníficamente llevada al cine, Nos vemos allá arriba (Au revoir, là-haut!). En esta que nos ocupa, Madeleine Péricourt va a demostrar que su capacidad supera todas las expectativas y que, si bien no supo mantener el patrimonio familiar tal y como su padre sospechaba y propició, sabrá resurgir de las cenizas del incendio que la abrasó a ella y a su frágil hijito, para diseñar una empresa mucho más difícil y compleja, la de organizar la venganza y saber esperar fríamente a “ver pasar  el cadáver de sus enemigos”.

Aunque los personajes son todos pura ficción, el contexto histórico, las conspiraciones y los perfiles personales están inspirados en la realidad de un tiempo en el que la mancha del fascismo se extendía por Europa. Una situación que parecía irrepetible y que, con tanta inconsciencia generalizada, está intentado de nuevo colarse en el viejo y en el nuevo continente. Por eso, resulta deliciosamente conmovedora, la carta del pequeño y frágil Paul en la que muestra su determinación e intransigencia con quienes flirtean con ideas supremacista.

 Querida Solange:
Su decisión de ir a cantar a Berlín me preocupa mucho. Leo en los periódicos que hay allí muchas personas que sufren, entre ellas numerosos músicos. No entiendo mucho del tema, lo reconozco, pero he visto fotos de la quema de libros y el saqueo de tiendas judías. Lo que me entristece no es que cante en Berlín, sino verla tan entusiasmada con la gente que hace esas cosas. No sé cómo decírselo. Antes de coger la pluma, he estado dándole vueltas a las palabras mucho rato. Le debo a usted mucho. Cuando oí su voz por primera vez fue como si volviera a nacer. Si sigo vivo es gracias a usted. Pero lo que está haciendo ahora no cabe en mi vida. Por eso le escribo: para darle las gracias de todo corazón, pero también para decirle que no volveré a contestar sus cartas porque la persona a la que le gusta esa gente, sin preocuparse por el resto, ya no es la persona que tanto me gustaba a mí.

martes, 30 de abril de 2019

Tierra de mujeres


¿Y si el problema de la despoblación comenzó por la falta de atención y la constante discriminación hacia todas las mujeres de nuestros pueblos? Se pregunta María Sánchez, la joven veterinaria que compagina vocación rural y literaria. Y bien cierto es que, aunque el problema  de la despoblación es muy complejo y hunde sus raíces en la Historia de este país, si la cuestión de género no fue el desencadenante principal, ha sido un factor clave desde la segunda mitad del s.XX hasta ahora mismo.  

Una obra que reivindica la cultura de los pueblos, el trabajo y la sororidad de las mujeres que lo habitan y se rebela contra el concepto tan extendido del vacío español. “No somos la España vacía. Somos un territorio lleno de vida. De personas, de historias, de oficios, de comunidades”, un territorio que tiene voz propia, que no necesita que nadie venga de la ciudad para construirle el relato. Muchos de nuestras abuelas y abuelos nunca fueron con la cabeza alta por ser de pueblo. Esperaban que vinieran de afuera para aprender. Ellos siempre los invisibles, los callados, los analfabetos… Ahora nos toca a nosotras construir nuestra narrativa” Y a ello se aplica con entusiasmo porque comparte el pensamiento de otra gran escritora de nuestro tiempo, Chimamanda Ngozi Adichie, “el silencio es un lujo que no podemos permitirnos”. Es una idea que le obsesiona y que repite y explica reiteradamente a lo largo de las páginas, la necesidad de escribir sobre el mundo rural desde dentro, porque se escribe mucho pero desde la ciudad, cayendo en la idealización pero sin una preocupación seria, por mucho que el tema esté de moda. Y su crítica alcanza también al feminismo y a las instituciones. Al primero de ellos porque ha sido un movimiento profundamente ciudadano, que ha olvidado a las mujeres de los pueblos, mujeres que siguen a la sombra, en un medio rural diverso que no tiene una única cara y voz. Se sorprende la autora de los colectivos que surgen en las ciudades buscando como fin la comunidad, el intercambio de saberes o ayudas, la sororidad, la creación de vínculos… olvidándose de que esas actitudes están y han estado siempre presentes en los pueblos, en esas mujeres que mantenían la puerta de su casa abierta, siempre pendientes unas de otras, cuidándose entre ellas…”Siempre he pensado que lo radical y lo realmente innovador sucede en nuestros márgenes. En nuestros pueblos.  Lazos nuevos, tejidos que se crean, proyectos rompedores, ideas maravillosas, asociaciones, colectivos … y las que están detrás, mayoritariamente son las mujeres” Y al mundo institucional porque  es urgente que la PAC implemente de una vez una perspectiva de género. Su actividad no sólo es importante para los habitantes del campo, también la necesitan los que viven en las ciudades. De ella depende que se mantengan nuestros ecosistemas y que dejen de vaciarse de una vez nuestros pueblos”.

En una segunda parte del libro, María fija la mirada en tres mujeres de su familia. Mujeres invisibles que sólo comienzan a existir cuando se convierten en madres. Nunca existieron por sí mismas,  siempre con ellos, detrás de o junto a” (¿os suena?) Seguro que si cada uno de nosotros piensa en las mujeres de su genealogía no le resulta difícil encontrar este perfil, mujeres a las que se les brinda voz una vez que tienen hijos y a las que la autora reconoce en este momento de su vida. Empezando por su tatarabuela Pepa, el alcornoque cuyas raíces sustentan la familia, “una mujer, nacida entre 1860 y 1870, que llevaba la casa y tomaba las decisiones”. Ella era la cabeza y el corazón. Su marido, las manos que nunca paraban de trabajar. Una madre que cada noche "tenía que saber del trabajo de cada hijo para irse a dormir tranquila. Que sabía reconocer perfectamente de qué encina o de qué alcornoque estaban hablando sus hijos. Porque ella seguía allí, con ellos, aunque no los viera ni los tocara". Y cuando leo esto no puedo dejar de evocar la imagen de mi madre, en el otoño del 92, en la cama de un hospital recordando todas las finquitas de la casa familiar, con sus lindes en cada uno de los puntos cardinales y el nombre de los propietarios. Mujeres que crecieron en simbiosis total con la tierra y sus frutos.

La segunda, es su abuela Carmen. Una mujer que nació y creció en una casita con huerto, que desde pequeña tuvo que ir sola todos los días a llevar la comida a los hombres que trabajaban en el campo, una hora de camino a pie. Que no sabía escribir porque no fue a la escuela pero que llevaba el huerto ella sola, sabía recoger las semillas, secarlas, guardarlas… hacerlas germinar en el momento exacto, cuidar las gallinas, arreglar las aceitunas, hacer conservas, dejar bien colocadas las patatas en el desván, encalar las paredes, ir a la cooperativa y a sus olivos, llevar las cuentas de la casa, criar los hijos … mientras el marido estaba lejos, en la emigración… “Las manos de mi abuela no saben de libros y cuadernos, pero sí del frío y de la tierra” ¿A que también os suena? A mí me recuerda una vez más a mi abuela Manuela, que tampoco sabía leer ni escribir pero, como tantas veces me han oído algunos, hablaba francés porque había estado sirviendo al otro lado de los Pirineos. “Pertenecen al clan de las mujeres que llevan una espigada clavada en el pecho.”

La última en la cadena de esas tres mujeres es su madre, Carmen también, como la abuela. “Mi madre ha sido una completa desconocida para mí durante muchos años. No quería parecerme a ella, no quería terminar como ella”. Parece mentira que una autora tan joven sea capaz de expresar con tanta profundidad y rigor el proceso al que a otras nos ha costado casi media vida llegar. Una madre a la que describe con gran precisión como la “hija de un hermano único. Todo para su hermano, nada para ella. No renunció, no habló, no se quejó”. Mientras el hermano iba al colegio, ella caminaba junto a su madre durante una hora al olivar familiar, después de dejar la casa lista y la comida preparada. La historia de esta madre es la misma de tantas  mujeres de este país que dedicaron su vida entera a su familia, poniéndose ellas mismas en la última posición. A María, enamorada de su pueblo, aunque no hubiera nacido en él, le enfadaba que su madre le dijera que no le gustaba el campo, que no tenía ganas de ir al pueblo, le costó entender que lo que para ella era libertad, contacto con la naturaleza, con los animales que tanto adoraba, con sus raíces… para su madre sólo significaba el recuerdo del trabajo y el sacrificio. Y en este punto a mí me recuerda también la aversión que tenía mi propia madre a “ir a comer al campo” y que ella justificaba con un argumento similar, estaba muy cansada de llevar la comida a los hombres y tener que comer con ellos sentada en el suelo. En el libro se explica muy bien cómo el relato de muchas mujeres con el medio rural está a años luz de distancia del que han hecho otros hombres (cita a Miguel Delibes y a Rodríguez de la Fuente). El género, la familia y las circunstancias marca las distancias. Mientras unos contemplan, observan, cuidan, cazan y disfrutan; otras trabajan sin descanso. Es por eso, apunta, que no hay mujeres escritoras de esa generación que escriban desde y en el medio rural. “Las mujeres del campo no podían contar sus historias porque la mayoría no sabía escribir. Porque se les negó el placer de la lectura, ir a la escuela, poder decidir a qué dedicarse, en qué formarse. Se les negó la cultura por completo”. ¿Será por ello que las que pudieron huyeron sin pensárselo dos veces? (Y con esto volvemos a la tesis del principio, la clave de la despoblación).

Y cómo no copiar también letra por letra el terrible y esperanzador  párrafo del epílogo de esta intensa y necesaria obra: 

Nuestro medio rural morirá si no sabemos transmitir a los que vienen su importancia y su cuidado. Y no sólo nuestro medio rural, sino toda la biodiversidad que vive en él, nuestro pueblos, nuestras costumbres, nuestras historias. Nuestra cultura, así, sin el adjetivo rural, porque es cultura y es de todos. Debemos aprender a mirar y transmitir. Preguntar a nuestras abuelas, a nuestras madres. Dar importancia a nuestras historias, a nuestras aldeas. Preguntar, contar, escuchar, cuestionarse una y otra vez. Mirar más allá. Mancharse las manos de tierra Dejar que los que vienen, los niños y niñas del futuro, se manchen también. Se empapen de tierra y animales, de historias de sus mayores, darles la mano, que quieran visitar y habitar una casa llena de raíces y patrimonio que aún está por construirse

lunes, 11 de febrero de 2019

Cierta luz que deslumbra







Visitar la exposicion Cierta luz organizada por el    colectivo 4F en la Lonja de Zaragoza ha sido una sucesión de impresiones y emociones. Frente a la fotografía de Maysun del humo de la guerra en el cielo de Gaza en 2014, por extraño que parezca, me ha asaltado la evocación de otros cielos, los de la Vista de Delft del maestro Vermeer, "el cuadro más bello del mundo". Belleza y destrucción, sosiego y frenesí, arte y emoción, síntesis de lo que somos, de lo mejor y peor del ser humano, retratado por los testigos de cada época. 





 
La determinación en la mirada de la mujer yemení fijada en el objetivo de Judith Prat nos grita a los espectadores que siempre quedarán almas invencibles que nos devuelvan la fe. Y las entrañables fotos de Divina Campo me han devuelto la  Huesca, la huesqueta, que conocí en mi infancia, la de la leche en polvo de los americanos, el baño en el balde de zinc y, sobre todo, el clasismo que se respiraba, el de las señoras de buenas y victoriosas familias católicas y apostólicas que marcaban distancia con las criadas de origen campesino, en su mayoría, y perdedoras. Con Divina yo sí que he notado la oquedad, la ausencia de su mirada que retiró para casarse y formar familia (como era costumbre en la época). Si no hubiera sido así quizás hubiera alcanzado a fotografiar a esa misma niña que copia disciplinadamente la devota consigna en la pizarra, portando una pancarta en la que se rebelara contra esos mismos dogmas tan pretendidamente fijados en su espíritu. 






Impresionante el mural de fondo con las muchachas en bombachos en plena tabla gimnástica. Puedo decir que yo estaba allí. Y esto sólo son unos mínimos flashes de todo lo sentido en la visita, que no será la única pues tengo que volver para recoger más impresiones. 




domingo, 2 de diciembre de 2018

Campo de Gurs, dolor y honor




Si estremecedora resultó la visita a los lugares de Memoria en Zaragoza realizada con la UPZ en el mes de junio pasado, no menos estremecedor ha sido conocer el Campo de "Refugiados" de Gurs, próximo a la ciudad de Oloron-Sainte-Marie, en lo que hoy es la Región de Occitania. El pasado viernes 23 de noviembre la Universidad Popular organizó la visita a este lugar por donde llegaron a pasar y sufrir un trato inhumano 60.559 personas, entre hombres, mujeres y niños. Gurs fue un campo muy grande, ocupaba 80 hectáreas y llegó a albergar hasta 18.000 personas recluidas al mismo tiempo, cifra que lo convertía en la tercera localidad más poblada de los Bajos Pirineos, solo por detrás de Pau y Bayonne. El 4 de abril de 1939, el alcalde M. Mendiondou recibió en la estación de tren a los primeros refugiados y les estrechó la mano. En la primera semana llegaron más de 4.000 vascos, todos hombres jóvenes, todos soldados, militantes del PNV, del PSOE, del PC, de Izquierda Republicana: perdedores de la guerra. Los enviaron al pueblo de Gurs, donde habían despejado un inmenso campo cenagoso, habían construido 328 barracones y habían rodeado todo con alambradas y garitas de vigilancia. Su construcción se realizó en un tiempo récord de veinte días, y con materiales de batalla pues se trataba de “un alojamiento provisional”. A finales de la primavera de 1939, Gurs ya albergaba a 18.000 personas: además de los vascos, había republicanos de diversas partes de España y brigadistas internacionales. Al principio eran todos hombres pero después llegarían  también mujeres y niños españoles. Con el estallido de la II Guerra Mundial y la ocupación nazi de Francia, el régimen colaboracionista de Vichy encerró también en el campo a los franceses “indeseables” y, después, los alemanes desplazarían al campo a 26641 judíos, para posteriormente volverlos a deportar a los campos de exterminio de Auschwitz y Mauthaussen.

Iniciamos la visita recorriendo l’Allée des Internées, un apacible paseo de prácticamente dos kilómetros que atraviesa de lado a lado un bosque que lucía todo el esplendor del otoño pero, ante la columnata de memoriales del inicio del paseo, Emilio Vallés, nuestro guía, ya nos había recordado el infierno en el que se adentraban los internados cuando hacían el mismo recorrido que nosotros estábamos realizando. Para empezar, hay que saber que el bosque no es natural: lo plantaron en 1950 para ocultar la vergüenza. En el año 1939 era un terreno arcilloso que se convirtió en una ciénaga de barro por las abundantes lluvias, el barro lo inundaba todo, también los barracones donde se instalaban los internados (resulta difícil utilizar la palabra refugiados en una construcción que no cumple las mínimas condiciones de refugio). Los tejados, de cartón alquitranado, no podían contener el agua de lluvia y esta se colaba en los habitáculos, un metro escaso para dormir (en el suelo) y dejar las pertenencias.
Espacio para "vivir"



Todos los barracones originales se derribaron con el mismo ánimo de la plantación de los árboles, borrar todo rastro de este lugar del que el Estado francés se avergonzaba. El único barracón existente es una reproducción levantada por la Amicale deCamps de Gurs, asociación que junto con la de Terres de Memoire et Lutte, son quienes se han esforzado en mantener viva la Memoria de este lugar.





La pequeña cabaña que sirvió de consultorio médico es prácticamente la única edificación original. La  enfermera suiza Elsbeth Kasser se ofreció voluntaria, para asistir a los internados cuando tuvo conocimiento de la existencia de este campo. Su labor sería siempre recordada por los refugiados, basta comprobar la colección de lápidas en la entrada que, en varios idiomas, muestran el agradecimiento a L’ange de Gurs.






El cementerio es otro lugar para la constatación de la ignominia. La disposición alineada del más de un millar de tumbas, la coincidencia en las fechas de fallecimiento de personas de orígenes tan diversos y lejanos, dan pistas de los horrores vividos. Muchos de quienes allí yacen fallecieron a causa del hambre, el hacinamiento y las enfermedades infecciosas. Entre ellas, unos 30 republicanos españoles. De algunas lápidas cuelgan pequeñas tiras con los colores de la bandera republicana, señalan el lugar donde hay un español o, si los nombres suenan a otro idioma, seguramente se tratará de un brigadista que vino a luchar contra el fascismo y terminó allí sus días.  A la derecha, encontramos un monolito en su recuerdo. En el recinto hay otro monumento dedicado también a los judíos que allí descansan. Lo más sorprendente y revelador de cómo se tratan estos temas en los países verdaderamente democráticos es que este cementerio tan bien cuidado, lo está a costa del Estado alemán. Nos contó nuestro guía que, cuando el cónsul de este país en la zona visitó el lugar en los años sesenta del siglo pasado, y comprobó el estado de abandono y olvido en el que se encontraba, realizó las gestiones necesarias en Berlín para que se cuidara de mantener en buen estado el recinto. Y así hasta hoy, lecciones de cómo se repara la memoria histórica que están pendientes de aprenderse en España.



Después de esta emocionante visita, reparamos el cuerpo y el ánimo con una exquisita comida francesa que, con amabilidad y paciencia, nos sirvieron en horario español en Chez Germaine, un encantador restaurante de la localidad de Geüs d’Oloron. Era muy necesaria esta pausa  porque por la tarde nos esperaba otra sesión plena de emociones. Como nos recordó Raymond Villalba, otro de nuestros maravillosos guías, es necesario remarcar que el Sur de Francia no fue liberada por las tropas aliadas, quienes lo hicieron fueron los guerrilleros de la Resistencia y con ellos, numerosos republicanos.  Entre estos se contaban los padres de otra de nuestras acompañantes, Carmen Flachat, hija de una aragonesa y un extremeño que emigraron a Francia en busca de trabajo en la década de los años 30. Ella fue quien nos guió en nuestro recorrido por  Buziet, una pequeña localidad    en la que el 17 de julio de 1944 sucedió un trágico episodio que costó la vida a varios guerrilleros españoles, que cayeron en una emboscada cuando se encontraban reunidos en la “maison jaune”, una casa del pueblo donde su propietaria les daba infraestructura y cobertura para sus misiones guerrilleras. La jornada es inolvidable para todos los vecinos y en el cementerio anexo a la iglesia se encuentran numerosos recuerdos a los héroes de aquella jornada. Carmen conserva con gran devoción un ejemplar La lucha del Guerrillero (boletín oficial de la UNE, Unión Nacional Española), del 1 de octubre de ese mismo año en el que se relatan los hechos.






La parada final fue ante el monumento escultórico que se levantó en el lugar en 1999. Se trata de una escultura de Luis Guerra (escultor descendiente también de republicanos españoles exiliados), está realizada en acero inoxidable, porque el autor consideró que era el material más resistente al paso del tiempo, simbolizando su voluntad de que el recuerdo permanezca permanentemente. La parte más gruesa, el cubo, representa a Francia, la parte de atrás, en vertical, representa a España (los guerrilleros españoles), se incluye una silueta triangular (le Pic du Midi) y una luna que encierra un doble significado: por un lado, la noche, porque la mayor parte de las acciones guerrilleras se realizaban en la nocturnidad; y, por otro, la Luna como un lugar desde donde no se aprecian las fronteras.  El escultor ha grabado cuatro nombres de fuerte sonoridad española, Paco, Diego, Angel y Carmen, que para él representan los ecos de su infancia de hijo de republicanos. Al dorso se ha grabado igualmente la fecha y la hora de la tragedia, así como la referencia al valor y heroísmo de los republicanos españoles de la Xª Brigada que combatió con la Resistencia francesa. La obra se completa con unos versos de las coplas de Juan Panadero de Rafael Alberti

“Esperanza del que espera,
Fe del que sufre destierro,
                                                                          Luchando en tierra extranjera”



Pero si la visita es necesaria para conocer nuestra historia y rendir el homenaje merecido a aquellos hombres y mujeres que sufrieron y entregaron su vida a la lucha contra el fascismo, primero en España y después en la Francia ocupada, es inenarrable la emoción de hacerlo en la compañía de Emilio, Raymond y Carmen, hijos de aquellos héroes y que viven el recuerdo y la ilusión con la misma intensidad que les transmitieron en aquellos difíciles tiempos de su infancia. A ellos todo nuestro agradecimiento, es encomiable su trabajo de recuperación de la Memoria Histórica y el esfuerzo por divulgarla entre las generaciones más jóvenes. Además están especialmente esperanzados en que este trabajo voluntario y apasionado se complemente con las aportaciones que el Estado francés les ha prometido recientemente.



Una última reflexión que nos inspira la visita es la alegría de comprobar que, aunque haya costado muchos años, cada vez más el reconocimiento a la lucha y entrega de los republicanos españoles es visible en Francia, incluso el Estado español ha participado en alguno de ellos. Emilio nos llamaba la atención sobre el hecho de que la columna destinada al memorial de los republicanos internados en Gurs, lleve el reconocimiento del “Reino” de España, para él era muy significativo que aparezca ese término. Sin embargo, todo ello se confunde con la profunda tristeza de constatar que este tipo de homenajes sean tan difíciles y escasos en España.