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lunes, 15 de mayo de 2023

Nosotros, un folletín pretencioso

 


Me resulta difícil escribir sobre un libro que no me ha gustado o, mejor dicho, que me ha decepcionado tremendamente. Entre otras cosas, porque lo habitual es que, en ese caso, lo abandone. Además después de lo conectada que me sentí con Ordesa y las expectativas que me había creado con lo que había leído sobre un argumento con el que pensaba que me iba a identificar más todavía que con el citado, amén del premio Nadal que lo avalaba, la sensación es lamentable.

 ¿Por qué he llegado hasta el final? Porque creía que esta sucesión de páginas sazonadas de la absurda frivolidad, el comportamiento errático y egoísta así como de superioridad de la protagonista tenían que desembocar en alguna explicación creíble o quizás anhelaba una tragedia, un acto justiciero… A mí, por supuesto, no se me ocurría cómo podría llegarse a un final que resolviera de alguna manera todo lo anterior pero confiaba en la maestría del autor. Reconozco que en medio de toda esta banalidad se desgranan algunas reflexiones* que me han ayudado a continuar pasando páginas y que rescato de la quema. También, por qué no decirlo, el morbo de la promiscuidad sexual del relato incita a continuar. Pero si la confianza en que el final de la historia me daría las claves para entender el por qué de la buena prensa del libro, la decepción ha sido mayor. Solo se me ocurre compararla con el final de Los Serrano. Así de patético. 

    Como remate del despropósito, al autor y a quien corresponda, se les cuela un error de bulto que resulta incomprensible en una edición "de calidad".  Je te veux NO es te veo. Sinceramente, un folletín pretencioso.


lunes, 21 de junio de 2010

Hermosa despedida


No puedo imaginar despedida más hermosa y emotiva para un escritor que sus lectores blanden ejemplares de sus libros como homenaje íntimo y colectivo. Sucedió el domingo en Lisboa. Los grandes sobreviven en cada una de sus obras y la memoria de los que las leemos.

Ramón Lobo

(Foto Olga Rodríguez con iPhone)


¿Y si las historias para niños fueran obligatorias para los adultos?

¿Seríamos capaces de aprender lo que desde hace tanto tiempo venimos
enseñando?

José Saramago





sábado, 1 de mayo de 2010

Todo NO vale

Hace unos meses leí un libro que olvidé en cuanto llegué a la última página (salvando las distancias, casi parafraseo a Cervantes). Inicié la lectura más por obligación que por devoción porque se trataba de un exitoso título entre la juventud que ha sido reeditado ni sé en cuántas ocasiones y que se acaba de adaptar al cine. El argumento es: adolescente italiana de clase acomodada, acostumbrada a obtener todos sus caprichos, que “se encapricha”, valga la redundancia, de un tipo casado mucho mayor que ella, a quien conoce por casualidad. Él opone una ligera y razonable resistencia inicial pero, finalmente, acaba sucumbiendo (ya se sabe, la carne es débil) y … son felices y comen perdices. La historia es vieja y aparece en muchas obras literarias de incomparable calidad literaria con la de este título en cuestión, en el que lo más repugnante es la frivolidad con la que se narra el asunto y la resolución idílica, carente de cualquier consideración moral en cuanto a las consecuencias personales y sociales de una relación de este tipo; “un amor que vence las convenciones y prejuicios sociales”, dice la promoción del libro. Yo interpreto otro mensaje: oh!, el amor que todo lo justifica, todo vale, hoy tenemos derecho a todo, es del género tonto considerar si estamos haciendo lo correcto o no, la libertad personal está por encima de todo;… etc, etc. Mensajes, por otra parte, que invaden masivamente todo el entorno comercial y mediático dirigido a los jóvenes.

No quiero extenderme en el tema pero me he acordado de este penoso libro al hilo de la conmoción que ha generado en Zaragoza y en mi entorno la revelación de las presuntas relaciones entre un profesor de instituto y una alumna de quince años. Me pregunto si la niña lo habría leído o tal vez si lo hizo el profesor y encontró en esa lectura una consoladora justificación a las dudas morales que pudieran planteársele. Escribo con el consabido respeto a la presunción de inocencia. En cualquier caso, según lo que ha filtrado la prensa de las declaraciones de la joven y en el supuesto de que esté diciendo la verdad, tampoco tengo muy claro si se trataría de un delito pero sí de una actitud deplorable por parte del adulto o una solemne tontería o todo a la vez.