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jueves, 1 de agosto de 2013

Una moderna máquina



Tras la muerte de papá, estoy reorganizando mi vida, mis cosas, mis papeles … En lo que era su habitación me he preparado una zona de trabajo, mi pequeño despacho, mi “habitación propia” a la manera de V. Woolf. Uno de los objetos que he traído ha sido mi vieja máquina de escribir, la he limpiado y comprobado con sorpresa dos cosas: primera que, engrasándola un poquito, podría volver a funcionar perfectamente, aunque no sé si mis dedos se reacostumbrarían a teclear con la fuerza con que se hacía entonces y, segunda, y más interesante, descubro que la tecla más sucia es la del signo de interrogación. Me regocijo pensando en la mecanógrafa adolescente y jovencita que preguntaba, que se preguntaba ... y que sigue preguntándose desde aquellos tiempos en los que se compró esta máquina de escribir marca Triumph, modelo Tippa, supermoderna para aquel año 1970 más o menos que debió ser cuando la adquirí.  Lo hice con las 3.000 pesetas que me dieron los padres de mi amiga Araceli, como compensación por la ayuda que durante todo el año de 5º de Bachillerato le presté, estudiando las Matemáticas juntas. Yo quería comprarme una bicicleta, mamá me presionó para que comprara la máquina y me apuntó a un curso de Mecanografía. Evidentemente, me quedé sin la bicicleta y con las ganas de tenerla para el resto de mi vida pero a cambio conseguí un dominio de las teclas que ahora me sirve para sonreir con los comentarios de algún chavalillo que, después de un rato observándome en obligado silencio desde la silla de sus penitencias particulares, se atreve a exclamar: ¡"Escribes sin mirar!"

martes, 1 de febrero de 2011

Poema para mi madre










Hay una determinada edad en la que empiezas a fijarte en las esquelas de los periódicos. De vez en cuando encuentras un apellido familiar, una persona mayor amiga o conocida, el padre de un compañero de trabajo, ... Unos años más tarde te tropiezas con los nombres de padres y madres de tus propios amigos. No pasarán muchos años sin que, desgraciadamente, las esquelas se refieran a personas de tu propia generación que se van yendo demasiado pronto. Incluso llega el momento en el que te toca el doloroso trámite de redactar alguna de un ser muy querido. Lo cierto es que ya no sabes desde cuándo pero todos los días te encuentras a ti misma revisando las necrológicas. Y es un ejercicio interesante porque, aunque la mayoría responden a una misma fórmula, más a menudo de lo que pueda parecer, las manifestaciones de duelo se saltan los convencionalismos en un desesperado y precipitado intento de traducir en palabras las emociones que afloran ante la pérdida. Y a veces el resultado consigue conmoverte. Hace un tiempo encontré un hermoso poema que unos padres dedicaban al hijo desaparecido, pero cuando lo leí pensé que bien podía haber estado dedicado a mi propia madre. Ahora, cuando se cumplen nueve años de su fallecimiento, quiero traerlo aquí en su memoria:




El mar no nos alcanza
con sus besos salobres.
Aquí sobre la encina
quiero tallar tu nombre.
Para sus letras duras
no encuentro mejor molde.

Que el viento te dé fuerza
y la mañana canciones,
y que tu acento encuentre
su anchura en este monte.
El pulso no me tiemble
ni mi acero se doble.

Después que aquí te deje
y en el tronco te ahonde
te llevaré conmigo
en mi sangre más noble
y escucharé tu grito
otra vez entre voces.

Que la paz de esta encina
tu memoria sazone.




miércoles, 27 de octubre de 2010

Un día luminoso

Un día luminoso era el que ha amanecido hoy en Zaragoza. Hasta el cierzo se ha parado, tal y como ha destacado Javier Lambán, Presidente de la Diputación de Zaragoza. Parece que la meteorología ha querido ser hoy benevolente y colaborar en este acto tan hermoso, emotivo y reconfortante para esas familias que llevan años y generaciones con el dolor clavado como una espina en su alma. Escuchaba los discursos de las autoridades y familiares que salían al estrado y no podía dejar de pensar en lo fácil y rápidamente que se puede sembrar el odio y la semilla del mal en las muchedumbres (cuántos ejemplos recientes tenemos) y lo lento y difícil que es recuperarse de las heridas.

3.543 fusilados son solo una pequeña parte de todas las víctimas a quienes se mató físicamente y se quiso matar de olvido, setenta años más tarde sus nombres se recuperan en el Memorial que hoy se ha abierto en el cementerio de Zaragoza. Pero son muchos, compruébelo, tal y como nos ha invitado Joan Manuel Serrat a hacerlo, cuéntelos así: 1,2,3, ...