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martes, 22 de mayo de 2012

¿Y si fueran otros los que pagaran?

La Mezquita de Córdoba fue construida entre los años 780 y 785 por Abderramán I. Doce siglos después, el 2 de marzo de 2006, la Iglesia Católica inscribió el inmueble a su nombre en el registro de la propiedad número cuatro de Córdoba: tomo 2381, libro 155, folio 198. El trámite costó apenas 30 euros.

Tal robo fue posible por dos milagros.
 
El primero, que José María Aznar cambió la ley hipotecaria en 1998 para permitir a la Iglesia apropiarse de edificios de dominio público, aunque sean patrimonio de todos los españoles: basta con que el señor obispo dé fe y certifique que pertenecen a la Iglesia, sin necesidad de notario.
 
El segundo milagro, que disponer de un edificio de 23.400 metros en pleno centro de Córdoba le sale gratis a la Iglesia: no paga el IBI y tampoco se ocupa de los gastos de conservación.
 
 
La entrada en la Mezquita de Córdoba cuesta 8 euros por persona; al año recibe más de un millón de visitantes. No te entregan factura y es dudoso que el dinero recaudado pague impuestos: se considera un donativo y, como tal, está exento de tributación.
 
El obispado de Córdoba dispone de la Mezquita a su absoluta voluntad. También decide quién puede trabajar en ella como guía y quién no. No es raro que haya días en los que se cierre el acceso a los turistas porque hay, por ejemplo, una convención de sacerdotes en su interior.
 
Sin embargo, los gastos de restauración y conservación no los paga la Iglesia: los PAGA el Estado.
es decir, los gastos los pagamos nosotros.
 
Desde 1998, la Iglesia ha inscrito a su nombre cientos de edificios, muchos de ellos financiados por los vecinos de cada pueblo o ciudad.
 
Zapatero no cambió la ley en ocho años.
Rubalcaba prometió reformarla en su programa electoral.

 


Gracias a esta información remitida por alguien que bebe aguas del río Ara, lo que sin duda contribuye a su vista clara.
 

domingo, 26 de abril de 2009

Hacienda deberíamos ser todos


Hace unos días visité la feria AragónEduca. La verdad es que este año, sin la presencia de los colegios y los jóvenes presentando sus experiencias concretas (supongo que sería para ahorrar costes) la muestra resultaba un poco sosa. Sin embargo me detuve ante el stand de la Agencia Tributaria (o sea, Hacienda). Tenían unas tablas en las que resumían los costes de algunos servicios sociales, y me sorprendió comprobar que el coste de una sesión de radioterapia es de 3.300 €; un by-pass coronario, 12.400 €; un trasplante renal, 27.650 €; una plaza escolar de primaria, 4.186 € anuales; una universitaria, más de 30.000; … Son sólo algunos ejemplos pero suficientes. ¿Estaríamos dispuestos a renunciar a estos servicios tal y como los presta ahora el Estado?, ¿de dónde sale ese dinero?. Tal vez sea ingenuidad por mi parte, pero cada vez que oigo a un líder político (me da igual el signo) prometer rebajas de impuestos a la vez que asegura que mejorará la sanidad, las pensiones, la educación, … hay algo que no me cuadra. No puedo creerle. Las cuentas no me salen. Preferiría que me prometieran:


- estricto control del gasto público;

- reparto más equitativo de impuestos, lo cual quiere decir que no van a cebarse en los indirectos (excepción hecha de los artículos de verdadero lujo, donde pueden cargar todo lo que quieran y más);

- campañas de responsabilidad ética, persecución y descrédito a la corrupción (incluso en su propio partido),

- establecer algún tipo de coto al enriquecimiento rápido y abusivo,

- y todo tipo de medidas en este sentido.


Eso lo entendería mejor.


Por cierto, leo en El País que el Gobierno planea eliminar uno de los privilegios fiscales de la Iglesia (le quedan otros muchos). Parece ser que es resultado de una iniciativa del eurodiputado de IU Willy Meyer ante la Comisión Europea. Me felicito por la noticia, va en la línea de que los impuestos se repartan equitativamente y además me sirve para sacar a relucir la importancia de que sean unos u otros los políticos que nos representan, la necesidad de seguir creyendo en la Política y de acudir a las urnas, ahora que se acercan unas elecciones al Parlamento Europeo y que los sondeos hablan de la escasa participación.