jueves, 21 de enero de 2021

El nervio óptico es poderoso

 


Sólo por lo se que cuenta  de  La guerra de Henri Rousseau ya vale la pena este libro, pero hay mucho más. La autora, escritora y crítica de arte, va engarzando relatos en los que se intercalan sus propias vivencias con pinturas y autores, desvelando aspectos de la obra y circunstancias vitales de la una y de los otros. El resultado es una sucesión de capítulos, ligados entre sí a la vez que independientes, de lectura deliciosa desde todos los puntos de vista, literario, artístico, emocional… La amistad, las relaciones madre-hija, las de los hermanos, la pasión, la deformidad, la guerra, la niñez, la vejez, las modas, el lujo, la decadencia, la enfermedad… hasta los fenómenos paranormales se presentan en asuntos que van de lo más íntimo y autobiográfico a lo universal y atemporal. Consigue conformar uno de esos increíbles libros aparentemente ligeros en forma, tamaño y fondo pero tan profundos y densos en contenido.


La lectura me ha sacado de casa en más de una ocasión para ir a conocer a in situ algunas de los artistas y los museos que se alcanzaban desde esas ventanas de papel.   Tampoco mucho porque en eso de los viajes me pasa como a María Gainza, “me digo que la imaginación sigue siendo mi aliada y que con lo que tengo a mano mi mente se entretiene de lo lindo”. Precisamente en estos días en los que hemos vivido una nevada excepcional, yo también me he acordado de un cuadro, descubierto en uno de esos viajes a propósito de un libro. Es El retrato de una  joven de Nancy ante un paisaje nevado, de  Emile Friant, con el que me topé en la visita al Musée de Beaux Arts de la misma ciudad, una imagen de gran belleza que, no obstante, transmite una carga insoportable de melancolía y tristeza, que se me antoja el efecto del peso de las convenciones sociales, la ausencia de inquietudes vitales propias, la condena que le impone su género y su clase a la joven modelo. Esa mirada que no mira me hiela el alma mucho más que el paisaje nevado del fondo.

Siguiendo con El nervio…, en sus páginas desfilan los ciervos de Dreux; las batallas de Cándido López; las ruinas de Hubert Robert; los gatos de Fujita;  La Mer orageuse y la pasión de Coubert; los caballos y la fealdad de Toulouse-Lautrec; las explosiones de colores en fusión de Rothko; el lujo excéntrico de la pianista Misia Godebska, mujer de Sert; las selvas y, sobre todo, La guerra de Henri Rousseau “le Douanier”; los retratos de Schiavoni y Victorica; …incluso hay hueco para las estilizadas figuras manieristas de El Greco.

María, conocedora a fondo de todos ellos, les dedica algunas sentencias luminosas:

 Coubert. “escupió la idea de la pureza porque lo que le interesaba era crear cuadros que sobresaturaran los sentidos” p.67

Monet.“Creo que el arte que depende demasiado del subidón de un descubrimiento inexorablemente declina cuando se logra dominar por completo” p. 80

Rothko. En 1959 le confesó al periodista John Fischer que su masterplan era “arruinarles el apetito a esos ricos bastardos con pinturas que los harían sentir que no había escapatoria… Rothko había concebido los murales del restaurante Four Seasons en el edificio Seagram de N.Y. como una forma de exponer los trapos sucios de la sociedad norteamericana” p. 95

Henri Rousseau.  “El mismo Picasso… cuando tuvo que pintar su Guernica, se encerró en su taller a estudiar en secreto La guerra de Rousseau” p. 116

El Greco: “Como se había ido de ahí (Italia) en pleno auge del manierismo, vivió el resto de su vida pensando que ese era el estilo que aún regía” p 140

  Pero también el libro está trufado de referencias personales a tener muy en cuenta. Algunos ejemplos: 

“Esa noche cuando me metí en la cama llamé a Fabiolo y le pregunté en qué clase de vieja pensaba que me iba a convertir. Le expuse las posibilidades: podía ser de las que cortan los hilos con la realidad, como la vecina que saca a pasear el lampazo como si fuera un caniche; o de las que se apagan tan despacio que un día mirás y solo queda el  colchón hundido; o de esas odiosas a quienes ni los gatos se les acercan; o de las bendecidas por la genética, que llegan intactas a los noventa y se fastidian cuando olvidan alguna palabra tonta como bastón o salero (…) a los quince proclamaba que quería morir joven, la idea me parecía romántica y literaria, y llegar a vieja, anticlimático. Era una adolescente cínica a la que le gustaba decir que la vida no era más que una buena excusa para escribir cuentos. Desde entonces he cambiado de idea. Ahora que he visto lo que fui, quiero ver lo que seré” pp. 134-135

Las reglas de la etiqueta (consejos de madre): “Frente a los demás uno debe mostrarse en control. Mirá cómo se deslizan esos patos por el agua, tan serenos y elegantes, mientras por debajo patalean como condenados” p. 131

Y consejos de su hermano mayor:“No entendés nada, nena. Limitate a interpretar cuadros porque para leer a las personas sos de madera” p.151

 Y una última cita, casi al final, que me viene como un traje a medida: “el buen  citador evita tener que pensar por sí mismo” p. 151

domingo, 17 de enero de 2021

Popular, populares, populismo...

 



Después del gran éxito de El infinito en un junco, Irene Vallejo se ha convertido en escritora de culto en este país y "parte del extranjero". No es para menos, hace ya tiempo que en su tierra natal, Aragón, conocíamos su capacidad divulgadora del mundo clásico a través de otras publicaciones y de sus columnas semanales en el periódico Heraldo de Aragón. Pero es todavía más deslumbrante su habilidad para hacernos revisar el presente a la luz del pasado. En el libro Alguien habló de nosotros que en 2017 recopilaba algunas de esas columnas hoy mismo he encontrado una dedicada al concepto de POPULISMO que, en la Roma clásica, surgió como una corriente que pretendía mejorar la vida de los más pobres y ha pasado a deteriorarse interesadamente (supongo) en la actualidad, cuando "los métodos demagógicos, y no las ideas, provocan la impopularidad" del término. Curiosamente, lo denostan quienes más ejercen estos métodos y/o incluso presiden partidos que prácticamente lo incorporan en el nombre. Vivir para ver.  (Por supuesto, la asociación de imágenes y otras ideas es interpretación mía, de la cual me hago responsable. Yo no sé en quién ni en qué estaría pensando mi admirada Irene Vallejo cuando escribió estas palabras).

 

POPULISMO. “En los últimos años hemos incorporado la palabra populismo al vocabulario político. En general se utiliza para desacreditar al adversario, acusándole de tácticas manipuladoras: liderazgo carismático, retórica agresiva, política-espectáculo y el señuelo de promesas irrealizables. Su origen remonta al populus de Roma. En la convulsa República surgieron líderes partidarios del pueblo -entre ellos los Gracos o Julio César- que, dando poder a las asambleas y magistraturas de la plebe, pretendían aprobar reformas destinadas a un reparto más justo de la tierra, el alivio de las deudas y las mejores condiciones de vida para los más pobres. Sus violentos contrincantes fueron los optimates, el grupo más conservador de la aristocracia, que quería mantener a la plebe como simple espectadora de la política. Los optimates acusaban al bando popular de forjar una alianza interesada con el pueblo para ascender al poder. El sufragio universal de nuestros días ha dado la razón a quienes luchaban por ampliar la participación política. Sin embargo, la nerviosa democracia actual, con sus líderes y asesores obsesionados por la presencia mediática, los eslóganes y los vaivenes de las encuestas, alimenta esa dimensión oportunista. Los candidatos en campaña se empeñan en decir lo que la gente quiere oír: los métodos demagógicos, y no las ideas, provocan la impopularidad del populismo”

Irene Vallejo. Alguién habló de nosotros. Contraseña editorial. 2017

viernes, 13 de noviembre de 2020

Desde la ventana


(En julio de 2012) La veo desde la ventana de la residencia de ancianos. Hace un mes que vengo por aquí  y paso largos ratos acompañando a mi padre que se está restableciendo de un ingreso hospitalario, una convalecencia que va teniendo la pinta de prolongarse indefinidamente. Por las tardes el calor aprieta en este verano zaragozano seco y árido pero las mañanas hasta ahora han sido agradables y, cada mañana, poco después del desayuno, contemplo cómo se acomoda  en una mesa bajo el pequeño porche, saca un cuaderno  y escribe. No he hablado nunca con ella pero quiero imaginar que es una maestra jubilada que va grabando con tinta sobre las líneas del papel las ilusiones, los recuerdos, las risas y las decepciones de la chiquillería que crecía a su vera, envejeciéndola. Ahora que ya no la distraen con sus charlas y  no reclaman su atención, tiene tiempo para contarlo. Quizás algún día me deje leer ese cuaderno primoroso. Quizás algún día yo también tenga tiempo para hacerlo.


Lemaître, el maestro

 

¡Pierre Lemaître lo ha vuelto a hacer!   (qué bien puesto el apellido). En esta ocasión, con la misma genialidad que en los dos títulos anteriores de la trilogía Los hijos del desastre,  entrelaza personajes y situaciones en momentos cruciales del pasado reciente europeo en un relato conmovedor en grado superlativo.

“Un inmenso cortejo fúnebre, convertido en el espejo de nuestras penas y nuestras derrotas”, reflexiona Louise, la protagonista en medio del inmenso éxodo que ocupa las carreteras francesas en dirección al Sur, huyendo de la ocupación nazi. Y ese es el marco en el que se mueven todos los personajes de la historia que acabarán confluyendo en el espacio y en las emociones.

“Confundidos, todos los ocupantes del autobús veían aquel vehículo como una metáfora del momento presente. Mientras el país hacía agua por todos lados, aquel autobús ciego avanzaba hacia un destino desconocido del que nadie tenía la seguridad de volver, abriéndose paso entre la masa de parisinos despavoridos que huían en la misma dirección”, otro párrafo memorable del libro que describe el momento histórico en el que se desarrolla el relato pero que es fácilmente trasladable a otros episodios de la más estricta actualidad. 

Uno de los valores de la lectura y, especialmente, de la buena lectura como es el caso es la transversalidad en el tiempo y en el espacio de los asuntos humanos. La desinformación, las fake-news, la desprotección de los débiles (“La costumbre gubernamental de no perdonar a los más pobres la milésima parte de lo que se les permite a los más ricos ya estaba bien arraigada, pero eso no quitaba que aquello resultara muy triste”, se puede leer en otra página), la miseria humana que aflora en lo peores momentos (“A medida que las tropas alemanas avanzaban desgarrando el país, la solidaridad entre franceses había desaparecido, las relaciones se habían endurecido y los intereses particulares se habían despertado y estaban más vivos que nunca. El egoísmo  y el cortoplacismo imponían su ley  y, si alguien los experimentaba en sus carnes incesante  y dolorosamente, eran los extranjeros”)… lo peor de la condición humana recorren las hojas de este libro pero también, cómo no, lo mejor: la ternura, la solidaridad, la comprensión, la ayuda… el amor y,  la picaresca, paradigmáticamente encarnada en ese personaje hábil, escurridizo y engatusador que aparece y desaparece de la escena en  los momentos precisos y con personalidades dispares pero que siempre  responde al mismo nombre de pila “Buscaron al padre Désiré por todas partes, pero fue en vano. Nunca más lo volvieron a ver. A última hora de la tarde, Fernand descubrió que su macuto también había desaparecido” Es el final más acorde posible con este personaje recurrente que nos permite terminar la lectura con una sonrisa que, a pesar del desastre generalizado, hemos estado a punto de esbozar en otros pasajes en los que siempre aparecía el mismo individuo en sus múltiples roles.

 Y es en las últimas páginas cuando el maestro (le maître), además de aliviarnos con humor del peso de las penas  que ya nos anuncia desde la portada, también nos devuelve a la realidad del suelo que pisamos, dirigiéndose a nosotros, los lectores, como interlocutores directos, en una traslocación repentina de personas en la escritura que  evoca ciertas lecturas clásicas y  termina de introducirnos definitivamente en la trama. 



domingo, 12 de abril de 2020

Yo, Julia. Una mujer en la HIstoria


Termino la lectura de esta apasionante novela en el décimo día del mes de abril de 2020 d.C. Vivimos en la 27º jornada de confinamiento en tierras de Hispania a causa de la pandemia del covid19. Mientras iba avanzando por sus páginas, he tenido que asegurarme de que la primera edición data de noviembre de 2018, porque pareciera que muchos de sus párrafos hubieran sido escritos durante estos últimos días. Y más concretamente, muchas de las afirmaciones que se ponen en boca de uno de los científicos de la época, Galeno, el padre de todos los sanitarios que están partiéndose el brazo en estos mismos momentos para contener la pandemia:

Galeno de Pérgamo, 129 d.C- 201/216? d. C


“Los avances en la ciencia médica nunca se valoran hasta que los poderosos los necesitan”. p.331 Galeno (…) “Luego, cuando el poderoso cae preso de una infección, busca en los médicos una solución: consulta entonces a los mismos sabios a los que durante años les puso todo tipo de impedimentos para investigar, para aprender, para avanzar. Solo entonces los poderosos entienden, pero siempre llegan tarde. Tarde para ellos, tarde para todos”. p.400

Pero el carácter profético también aparece en la otra voz narradora de la historia:


“Juliano, pese a todo su dinero, solo resistió como augusto de Roma poco más de dos meses. Dirigir un imperio se manifestaba como algo más complejo que acumular una fortuna: ser el gobernante más poderoso era algo que iba más allá de ser el hombre más rico. Por otro lado, el mundo estaba cambiando velozmente y muy pocos intuían hacia qué dirección se encaminaba todo” p. 329 Donde pone Juliano, póngase Trump, Bolsonaro, Johnson… y cambiéseme Roma por sus respectivos territorios y sirve para hoy mismo.


Otros párrafos que aciertan con la misma clarividencia:

“¿Cuándo llegará el día en el que senadores y gobernadores pensarán más en el buen gobierno del Imperio que en sí mismos, en sus pequeñas estrategias, en sus rencillas y envidias en esa maldita lucha por el poder que a todos debilitaba, rodeados como estaban de problemas dentro y fuera de los límites del Imperio? -Cuando cambie la naturaleza humana, amigo mío. Si es que cambia alguna vez. Si no, te garantizo que en dos mil años, todo seguirá igual”. p.296 Desde luego, en este país, un territorio que se situaba dentro de los límites de ese Imperio, a falta de poco más de cien años para que se cumpla el plazo, evidenciamos cada día que la naturaleza humana no ha cambiado en absoluto. Menos, la de los senadores y gobernadores de hoy mismo. 


“Opelio ya había oído en más de una ocasión el rumor de que el tráfico ilegal de esclavos lo dirigía desde la lejana Roma el mismísimo senador Didio Juliano, pero no había pruebas ni, a lo que se veía, interés en terminar con aquel negocio. Por un lado, había escasez de esclavos, por otro, los gobernadores de frontera estaban en otras cosas más importantes como, por ejemplo, dilucidar si Pértinax sería un emperador a quien apoyar o no. Esos pulsos de poder dejaban a aquellos desdichados colonos sin nadie que se ocupara de sus derechos.” p. 161


Y sobre, la protagonista del libro, JULIA DOMNA AUGUSTA

Además de todo lo anterior y mucho más,  el libro se ocupa de recuperar una figura histórica que ha quedado sepultada por el paso de los siglos, como a tantas otras que compartían con ella género. Y es que el propio Santiago Posteguillo lo explica en los Apéndices:


“La igualdad de género ha de construirse en el presente y pnsando mucho en el futuro, aunque la igualdad también se hace no ya reescribiendo la historia o la historia de la literatura, pero sí completando la que tenemos elaborada con el añadido de todas aquellas mujeres importantes que existieron y que tantas veces hemos pasado por alto, para perjuicio de todos.” p.650

“La historia de Julia Domna es dramática  y poderosa, incluso trágica. Sorprendentemente, no ha sido contada en novela alguna ni llevada a la televisión o al cine, y todo esto pese a las escenas de batallas, el salvaje telón de fondo de los pantanos de Yorkshire y la cordillera del Tauro (Turquía) y el esplendor del norte de África y Egipto”. Bárbara Levick (biógrafa de Julia). p.649

“La inacción en política es, en ocasiones, una falta tan imperdonable que puede equipararse a la del político que quebranta la ley a sabiendas de lo que está haciendo (…) Nadie estaba a la altura de la esposa de Septimio Severo a la hora de discernir el futuro en todo lo referente al control del poder, y no la entendieron. Esto es, nadie entre los suyos. Juliano que si la habría entendido perfectamente, estaba en el bando opuesto…” Galeno, p. 129

“Y así, digna y magnífica, caminó entre todos aquellos hombres que en apenas unas horas estarían combatiendo por su esposo, por Roma, y por un proyecto que, curiosamente, ninguno era capaz de comprender por completo. Pero para eso estaba ella…” p.373

“Muchos la han criticado por ambiciosa. Es posible que lo fuera…¿no es esa misma ambición la que ha movido a tantos hombres que tenemos en tan alta estima, como Alejandro, Julio César o Augusto? Sí, lo acepto. Julia era muy ambiciosa. Como muchos de los que la rodeaban. Solo había una diferencia sustancial entre ellos y ella. Bueno, dos. En primer lugar, ella era mujer y ellos hombres. En segundo lugar, ella era más inteligente.” p. 463 

Este último párrafo que en la novela se atribuye igualmente al diario de Galeno,  resulta ejemplificador de cómo la sociedad patriarcal ha aplicado desde la Antigüedad distintas tablas de medir para los dos géneros. La ambición, un valor positivo para  los hombres, ha sido siempre un plus, un motivo de admiración entre los gobernantes y los ganadores en general. Sin embargo, en las mujeres, una actitud impropia de su naturaleza y motivo de  descalificación y desprecio. El mayor de todos, el olvido. 



miércoles, 5 de febrero de 2020

El no-debate de la jornada escolar






Cuando una ha dedicado toda su vida profesional a la escuela y cada Año Nuevo comenzaba en septiembre con el inicio del curso, la jubilación se presenta como un abismo, pareciera que no va a saber qué hacer con tanto tiempo por delante sin la presencia constante del mundo escolar en su vida. Después de casi tres años de haber atravesado el umbral, puedo decir que ni una cosa ni otra. Hay muchas tareas a las que dedicar nuestro tiempo de jubilados, la vida no se acaba al cerrar la puerta de la escuela pero tampoco la dejamos del todo, la mirada siempre se nos va a los asuntos de la educación, aunque sea un poco de reojo. Y  uno de los temas que se repite ineludiblemente cada año por estas fechas (desde hace cinco en Aragón) es el debate de la jornada escolar. Y digo mal, porque no hay tal debate. No interesa. Como mucho hay una confrontación (eso, sí) de intereses personales y/o profesionales que la Administración (no me cansaré de repetir), haciendo dejación de su responsabilidad social, ha potenciado con los sucesivos decretos al efecto.

 Una prueba evidente de que no hay debate la viví en primera persona hace un año, cuando participé en una de los pocos colegios que, a pesar del hastío del tema y de los riesgos de deterioro de la convivencia en la comunidad escolar, se planteó realizarlo.  Desde el principio se descartó una mesa en la que se pudieran exponer razonadamente todos los puntos de vista, lo cual ya dice mucho de cómo se vive el asunto en los centros. Así pues, el procedimiento elegido fue  organizar dos en fechas diferentes, una formada por representantes de docentes y familias claramente favorables a la jornada continua y otra, en la que yo misma, expuse una serie de dudas referidas a la conveniencia de implantar la jornada continua del modo en el que se está haciendo, esto es, que la jornada lectiva del alumnado sea dependiente de los cambios en la jornada laboral del profesorado. Es igual, la participación en una y otra de las sesiones fue ridícula. Lo que reafirma la idea inicial de que el debate y la argumentación racional y sincera no interesa a nadie. En este tema cada uno (docentes y padres y madres) se mueven por su interés y su situación personal y laboral sin que los múltiples estudios que alertan sobre los riesgos de la jornada continua como factor agravante de la desigualdad y otros asuntos de grueso calado, se tengan en consideración, especialmente, por los políticos y técnicos responsables, que son quienes deberían velar principalmente por la calidad y la función de la escuela como motor de cambio social.La situación roza a veces el absurdo como ocurrió en el proceso en el que participé. En la mesa a favor de la jornada continua, a la que asistí para escuchar sus argumentos, participaba un orientador escolar de mucho prestigio (también jubilado) y un miembro de un sindicato de profesores/as, además de las representantes de las familias. Los docentes no se apoyaron en ningún estudio científico para afirmar categóricamente que “la jornada continua favorece el aprendizaje del alumnado”; es más, sorprendentemente sólo presentaron una investigación del profesor de la Universidad Complutense, Mariano Fernández Enguita, en la que se apunta todo lo contrario para, a continuación, afirmar sin sonrojarse que sí, que bien, pero que “las fuentes no eran fiables”. No había salido de mi asombro cuando para apoyar sus palabras colocaron la imagen que acompaña este escrito, en defensa de la jornada continua. No pude evitar realizar la fotografía, toda una muestra del nivel de los argumentos, sólo falta el papá al fondo, sentado en el sofá viendo el fútbol. En realidad habría que  agradecer que la imagen es muy explícita, aunque justamente  para todo lo contrario de lo que se pretendía...  

Ha pasado un año, estamos en el mismo punto, con algunas escuelas públicas tripitiendo votaciones hasta que se consiga el objetivo de jornada única y yo todavía sigo ojiplática ante el nivel del no-debate social.

P.D. El pasado primero de febrero eldiario.es publicaba un artículo firmado por Daniel Sánchez Caballero que alertaba sobre la creciente  mercantilización de la educación, las razones son complejas y abarcaban diversos aspectos pero hay un párrafo en el que me parece apreciar una correlación entre la reducción del tiempo escolar y los negocios educativos paralelos o complementarios a la escuela : "Se pueden aconsejar numerosas medidas que no crean ninguna dificultad política (…). Si se les disminuyen los gastos de funcionamiento a las escuelas y universidades, hay que procurar que no se disminuya la cantidad de servicio, aún a riesgo de que la calidad baje (…). Sería peligroso restringir el número de alumnos matriculados. Las familias reaccionarán violentamente si no se matricula a sus hijos, pero no lo harán frente a una bajada gradual de la calidad de la enseñanza y la escuela puede progresiva y puntualmente obtener una contribución económica de las familias o suprimir alguna actividad. Esto se hace primero en una escuela, luego en otra, pero no en la de al lado, de manera que se evita el descontento generalizado de la población", escribió Christian Morrison.

A buen entendedor,…
P.C.

domingo, 5 de enero de 2020

Madres de leche y miel, de sangre y sudor.


Un libro en prosa que es poesía pura. Un relato delicioso y doloroso el de esta madre de leche y miel cocinada con el sudor y las lágrimas vertidas en la construcción de una vida propia, muy a pesar de su destino y de su propio deseo, este último domesticado desde el minuto uno de su llegada al mundo. Como lo fue el de todas las mujeres de su familia y de su entorno, entendido no sólo como un lugar físico sino como un espacio cultural y de tradición. Mujeres que no son dueñas de nada, mucho menos de su propio cuerpo, preservado para una función que ni siquiera se les da a conocer, todo es misterio, tabú, secreto…
 “Una mujer podía tener todas las cualidades del mundo, pero si estaba estropeada para nada (…) Habría querido que alguien le explicara exactamente cómo se hacía eso de estropear a una mujer, pero no, todavía tendría que vivir muchos años con aquella desazón, un miedo que no podía compartir con nadie y que se iría haciendo cada vez más profundo” Y más adelante…“Para Fatima aquella sangre era la prueba inequívoca de que sí, de que la habían estropeado y que como mujer ya no servía absolutamente para nada”

Mujeres nacidas para ser extranjeras. Primero, en la casa del padre, de la que saben que nunca será la suya a pesar de que trabajen como verdaderas bestias en ella desde que tienen suficiente fuerza para amasar el pan, acarrear la leña, cavar el huerto…  y a quienes se prepara desde la propia infancia  para “darlas”; después, en la casa del marido, sujetas a las normas y prejuicios de su “nueva familia”; que la tendrá en consideración, tanto en cuanto trabaje y engendre hijos para que se cumpla lo que ya “está escrito”, sin poder participar ni decidir al respecto de su formación, sin acabar de formar parte de su segunda familia.

“En cada visita, Fatima se preguntaba si nunca más podría peinar a su prima, y no tardó mucho en darse cuenta de que, a pesar de venir de vez en cuando, a pesar de que la nueva familia de ella era bastante generosa como para dejarle visitar la casa de su padre, el día a día compartido ya no lo vivirían nunca más como antes. Y entonces se dedicaba a observar el suyo, su día a día, y a pensar en todas las cosas que ahora hacía y ya no podría hacer más después de la boda. (…) Toda aquella añoranza anticipada, el proceso de irse desprendiendo de todo lo que le era propio, de desarraigarse lentamente, duró los dos años previos a la consumación del matrimonio, desde que Fatima fue entregada hasta que se produjo su expulsión definitiva de la casa de su padre. Es lo que habían pactado las dos familias, reservar a la chica con la ceremonia de compromiso, pero esperar un par de años a que madurase algo más (tenía catorce años lunares)” 

En el caso de Fatima, su condición de extranjería se agranda de manera inimaginable con la emigración, en circunstancias de completo desamparo y abandono del marido que hace dejación total de sus obligaciones …

“Ay, hermanas mías, no queráis nunca la suerte de los emigrantes; por muchos milagros y maravillas que os cuenten, yo os lo digo de primera mano, no es ni por asomo una vida para envidiar”.

Y en ese ambiente totalmente extraño y hostil, una mujer criada para la sumisión y la dependencia total, decide hacerse fuerte de la única manera que ella entiende, renegando de lo que le han enseñado que es su condición femenina para “hacerse un hombre”.

“Quién sabe de dónde nos viene a las mujeres esta fuerza que se manifiesta de repente, esta capacidad que tenemos de sobreponernos a las dificultades (…) Pero aquella tarde, apoyada en aquel trozo de pared abombada junto a la estufa fría, hermanas, creedme, allí, con las manos puestas sobre el vientre, cogida al cinturón de cuerda, allí mismo dejé de ser mujer. Me hice hombre de repente (…) Me vinieron las palabras que repetía tan a menudo nuestra madre: ponte derecha, sobre tus pies. Camina sobre tus pies que por algo tienes un buen par”. 

Pero por mucho que lo intente, por mucha fuerza que desarrolle, se dará de bruces una y otra vez con la realidad, no es un hombre y, a pesar de sus esfuerzos, sigue siendo vulnerable y sintiendo en sus carnes la desigualdad y la injusticia…

“Además, ya os lo he dicho, en aquellos tiempos me convertí en hombre, me olvidé completamente de las precauciones porque los hombres no han de protegerse de nada. Somos nosotras las que hemos de esforzarnos para no provocar sus instintos. Tan tonta fui que pensé de verdad que era uno de ellos, pero ni ganando un sueldo os tratarán como a iguales, hermanas, eso no pasará nunca” 
Tendrán que pasar muchos años y tendrá todavía que vivir su experiencia más traumática para llegar a una conclusión determinante: es la educación el instrumento necesario para que la mujer pueda ser dueña de su destino y vivir en libertad…

“Ya empezaba a pensar, hermanas, que nuestra desdicha de mujeres tenía mucho que ver con nuestra falta de educación, que si yo hubiera sabido leer mis circunstancias quizá habrían sido muy diferentes”  “Hermanas, las mujeres como nosotras, sin conocimiento de letras, sin saber el idioma de quienes nos gobiernan, vamos por el mundo como si no diera el sol, a oscuras, inseguras, dando pasos vacilantes.” 

Maternidad, sororidad, educación, analfabetismo, arraigo, desarraigo, traición, fidelidad, libertad, sumisión, igualdad, injusticia, abuso, machismo, emigración… todos estos aspectos juntos en un relato de amor, superación y revelación, envuelto en palabras bellas y dulces como la miel acompañadas por los ecos de una lengua antigua y musical, la misma con que las madres de un rincón del norte de Africa han transmitido de forma oral el amor y la tradición ancestral a todas las generaciones. 





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Mujeres que cuentan porque antes otras les contaron. Así nos lo explicó ayer en el #Caixaforum en un encuentro de vida y palabras la escritora @najat_el_hachmi. La dedicatoria de su último #libro lo dice todo: "A mi madre que, sin saber leer, me enseñó a escribir"; los relatos orales en lengua #amazigh de las #mujeres analfabetas de su familia rifeña, amalgamados con las lecturas en la biblioteca pública de #Vic, destino migratorio de la familia, conformaron una nueva "contadora" a caballo entre culturas y con una capacidad de análisis y crítica privilegiada. Estoy ya leyendo con avidez esta "Madre de leche y miel" que seguro me ayudará a comprender mejor a mis amigas #musulmanas a la vez que seguir la estela de la autora en la puesta en cuestión de los patrones machistas de su entorno (y del mío). Y un sentimiento de gran emoción cuando Najat relata cómo la escuela pública y las #maestras que la acogieron, le abrieron la puerta a la libertad y al reconocimiento de sus derechos. #libros #feminismo #igualdad #Islam #patriarcado #marruecos_amazigh #machismo #mujereslibres #literatura @editorialdestino
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