miércoles, 14 de julio de 2010

INDIGNACIÓN, ALIVIO, IMPOTENCIA, IRRACIONALIDAD, ...


"La sentencia a muerte por lapidación para Ahstiani, de 43 años y madre de dos hijos, implicaba ser enterrada hasta el pecho y golpeada hasta la muerte con piedras que no sean tan grandes como para matarla de forma instantánea ni tan pequeñas que no le causen daño, tal como establece el código penal de la República Islámica"

¿Cabe mayor aberración que legislar de esta manera? Porque la brutalidad, la irracionalidad, el machismo atávico, ... pueden llegar a tener cierta explicación en determinadas situaciones pero que el legislador friamente, en un proceso puramente racional sea capaz de transcribir al papel semejante barbaridad es ... no sé, no encuentro palabra para calificarlo.

Me alivia que en una minúscula proporción, un gesto tan simple y sencillo como mi firma virtual haya contribuido a que alguien haya detenido (por el momento) el lanzamiento pero sigo negando la mayor, ¿dónde está el delito?.

Me rebelo ante la respuesta social al caso y a tantos otros relativos a los derechos humanos y a la dignidad de las personas. Aunque es cierto que el asunto ha tenido "cierta relevancia" en los medios me pregunto por qué, la misma sociedad que es capaz de lanzarse a la calle en la proporción que acabamos de ver para celebrar el campeonato del mundo de fútbol, no se molesta en canalizar una mínima parte de esa energía en asuntos relativos a la dignidad y los derechos de las personas.

La irracionalidad tiene muchas facetas ...

sábado, 3 de julio de 2010

Política y pasión

Los temas de altas finanzas se me escapan pero hay asuntos que se entienden muy bien. Lo que más me gusta es el tono. ¡Por fin un político apasionado! ¡Alguien capaz de hacer que sus "euroseñorías" remuevan el culo en sus asientos!

lunes, 21 de junio de 2010

Hermosa despedida


No puedo imaginar despedida más hermosa y emotiva para un escritor que sus lectores blanden ejemplares de sus libros como homenaje íntimo y colectivo. Sucedió el domingo en Lisboa. Los grandes sobreviven en cada una de sus obras y la memoria de los que las leemos.

Ramón Lobo

(Foto Olga Rodríguez con iPhone)


¿Y si las historias para niños fueran obligatorias para los adultos?

¿Seríamos capaces de aprender lo que desde hace tanto tiempo venimos
enseñando?

José Saramago





viernes, 11 de junio de 2010

La maldad

Una cree que lo ha visto todo,
que los fanáticos y los miserables
ya han demostrado hasta dónde se puede llegar,
que los literatos y los guionistas de cine ya han imaginado lo más atroz ...

Una cree que la historia ya nos ha enseñado la cara más cruel de nuestros congéneres,
que el horror vivido no puede ya superarse ...

Pero siempre la realidad demuestra que
una está equivocada,
que todavía puede haber más maldad, más crueldad,
más, más, más, ...

Talibanes ahorcan a un niño de siete años porque su abuelo los criticó

Y lo peor, lo más perverso ... la noticia apenas ocupó un rinconcito en las páginas de Internacional de los periódicos españoles (no sé si en otros países tendrá otro tratamiento)

sábado, 15 de mayo de 2010

A Garzón





"Si hay hombres que contienen un alma sin fronteras,
una esparcida frente de mundiales cabellos,
cubierta de horizontes, barcos y cordilleras,
con arena y con nieve, tú eres uno de aquellos.

Las patrias te llamaron con todas sus banderas,
que tu aliento llenara de movimientos bellos,
quisiste apaciguar la sed de las panteras,
y flameaste henchido contra sus atropellos.

Con un sabor a todos los soles y los mares,
tu majestad de árbol que abarca un continente,
a través de tus huesos irán los olivares,
abrazando a los hombres, universal, fielmente

Si hay hombres que contienen un alma sin fronteras,
tú eres uno de aquellos"


¿Seguro que Miguel Hernández no estaba pensando también en Garzón cuando escribió estos versos?


domingo, 9 de mayo de 2010

Olvido nunca, justicia siempre

VENGANZA ... ¡NO!


OLVIDO ... ¡NUNCA!
JUSTICIA ... ¡SIEMPRE!


sábado, 1 de mayo de 2010

Todo NO vale

Hace unos meses leí un libro que olvidé en cuanto llegué a la última página (salvando las distancias, casi parafraseo a Cervantes). Inicié la lectura más por obligación que por devoción porque se trataba de un exitoso título entre la juventud que ha sido reeditado ni sé en cuántas ocasiones y que se acaba de adaptar al cine. El argumento es: adolescente italiana de clase acomodada, acostumbrada a obtener todos sus caprichos, que “se encapricha”, valga la redundancia, de un tipo casado mucho mayor que ella, a quien conoce por casualidad. Él opone una ligera y razonable resistencia inicial pero, finalmente, acaba sucumbiendo (ya se sabe, la carne es débil) y … son felices y comen perdices. La historia es vieja y aparece en muchas obras literarias de incomparable calidad literaria con la de este título en cuestión, en el que lo más repugnante es la frivolidad con la que se narra el asunto y la resolución idílica, carente de cualquier consideración moral en cuanto a las consecuencias personales y sociales de una relación de este tipo; “un amor que vence las convenciones y prejuicios sociales”, dice la promoción del libro. Yo interpreto otro mensaje: oh!, el amor que todo lo justifica, todo vale, hoy tenemos derecho a todo, es del género tonto considerar si estamos haciendo lo correcto o no, la libertad personal está por encima de todo;… etc, etc. Mensajes, por otra parte, que invaden masivamente todo el entorno comercial y mediático dirigido a los jóvenes.

No quiero extenderme en el tema pero me he acordado de este penoso libro al hilo de la conmoción que ha generado en Zaragoza y en mi entorno la revelación de las presuntas relaciones entre un profesor de instituto y una alumna de quince años. Me pregunto si la niña lo habría leído o tal vez si lo hizo el profesor y encontró en esa lectura una consoladora justificación a las dudas morales que pudieran planteársele. Escribo con el consabido respeto a la presunción de inocencia. En cualquier caso, según lo que ha filtrado la prensa de las declaraciones de la joven y en el supuesto de que esté diciendo la verdad, tampoco tengo muy claro si se trataría de un delito pero sí de una actitud deplorable por parte del adulto o una solemne tontería o todo a la vez.